Los ladrillos rosas de La Barbie.


Los ladrillos rosas de La Barbie
Previo a los interrogatorios, Édgar Valdez Villarreal anticipó que tenía información valiosa sobre las redes de protección y corrupción policiaca que en varios Estados apoyan su actividad criminal.
2010-09-05 | Milenio semanal
Jorge Alejandro Medellín
De Édgar Valdez Villarreal se obtuvieron confesiones precisas, detalladas, rápidas ante la inminencia de su traslado a Estados Unidos en donde enfrenta cargos por asociación delictuosa y delitos contra la salud. La Armada de México, que poseía información clave sobre sus escondites en la periferia del Distrito Federal, en las afueras de Morelos y en el Estado de México, varias veces estuvo a punto de capturarlo, pero un chivatazo, una filtración de alguien a quien la Marina investiga bastó para que huyera por tercera ocasión en menos de un año y se les fuera de las manos a los navales.


El Ejército mexicano también poseía información relevante y fresca sobre los movimientos de Édgar Valdez. En 10 de las reuniones especiales del gabinete de seguridad los marinos, los militares, la Procuraduría General de República (PGR) y la Policía Federal (PF) intercambiaron datos y recibieron información de la DEA y de otras agencias estadunidenses, entre ellas el FBI, sobre los movimientos de grupos colombianos y de operadores de La Barbie en un contexto muy preciso: las secuelas de la muerte de Arturo Beltrán Leyva.


Equipos de 10 a 15 interrogadores de la Secretaría de Seguridad Pública Federal (SSPF) se turnaron en el Centro de Mando de esa corporación para obtener —en sesiones de cinco horas con mínimos recesos para ir al baño o para cambiar de interrogadores— los perfiles de sus posibles sucesores, datos sobre los quiebres, las fracturas recientes entre cárteles y las nuevas y posibles zonas de influencia de las organizaciones criminales que apoyan a los capos de la droga, aunque el interrogatorio comenzó desde el sitio de su detención, en la finca de Salazar, municipio de Lerma, delante de La Marquesa; horas más tarde Valdez Villarreal sería presentado a los medios de comunicación vistiendo una playera verde.
Buscaron también información en torno a las rutas de trasiego de cocaína y marihuana no conocidas, indagaron sobre nuevos métodos de transportación de dinero, droga y armas, y acerca de las empresas usadas como fachada que dentro y fuera del país encubren el narcotráfico de la gente que encabezaba Valdez. Lo interrogaron sobre sus conexiones en el extranjero, sus contactos para abastecerse de drogas y armas y, ante todo, sobre los canales de información que le permitieron una y otra vez escapar de la Marina o del Ejército.


A estas preguntas y a las lecturas de expedientes y declaraciones de otros detenidos y colaboradores suyos incriminándolo o detallando cosas donde él aparecía involucrado, La Barbie agregaba datos nuevos. La información más relevante vino cuando Édgar Valdez Villarreal les anticipó a sus interrogadores que tenía mucha información sobre las redes de protección y corrupción policiaca que durante años han apoyado en varios Estados sus actividades criminales.


En la sala de interrogatorios de la PF en Iztapalapa, los militares, marinos y policías federales tuvieron continuamente a su lado a unos ocho funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en México, gente de la DEA, del FBI, del ICE y del Departamento del Tesoro.


“POS NO”
Con las muñecas esposadas, La Barbie mantenía apretados los brazos y abultados los bíceps que dejaban ver el número dos en sus mangas cortas. Su interrogadora le preguntaba qué había sucedido, le insistía para que fuera él mismo quien abundara en detalles, pero La Barbie guardaba silencio y luego balbuceaba algo o hablaba muy bajito, como no queriendo que se le escuchara la confesión.


La Policía Federal completó el cuadro de sus declaraciones en un comunicado leído al día siguiente, ante los medios de comunicación, por el comisionado de la Policía Federal, Facundo Rosas, y por Ramón Pequeño, jefe de la División Antidrogas de esa corporación. En el texto se asentaba que el día de la muerte de Arturo Beltrán Leyva, La Barbie “recibió una llamada de éste para solicitar su apoyo, que le mandara gente para sacarlo del área ya que se encontraba rodeado por la Marina”.
En una parte del interrogatorio, La Barbie había respondido a una suave y amistosa voz femenina que las cosas se recrudecieron entre los cárteles como consecuencia de la muerte de su jefe y amigo, Arturo Beltrán, El Barbas, asesinado por elementos de la Marina en diciembre de 2009 en un operativo para detenerlo. Valdez reconoció que horas antes de ser acribillado entre dos habitaciones de su departamento, Beltrán Leyva le habló por teléfono para pedirle ayuda, para decirle que mandara a gente a apoyarlo.
La Barbie, en esta parte del interrogatorio, mueve la cabeza, se rasca, levanta los brazos, voltea a los lados, tose un poco. El momento es, a todas luces, incómodo. Finalmente responde, pero con movimientos de cabeza, que no, masculla algo y añade de nuevo, “pos no”, sin mirar a la cámara que lo graba en video.
El comunicado acota que al recibir la llamada de su ex jefe, Édgar Valdez Villarreal “le sugirió se entregara”. Ante las cámaras, Valdez Villarreal recordó el momento moviendo la cabeza, mirando hacia los lados. Había dejado de sonreír.


EL SICARIO DISCRETO
Hasta antes de ser trasladado desde Iztapalapa hacia las instalaciones de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), Valdez Villarreal habló acerca de una parte de las redes de apoyo y de distribución de drogas con las que contaba en el Distrito Federal. Le leyeron legajos de declaraciones vertidas por José Gerardo Álvarez Vázquez o Gerardo Álvarez Beltrán, El Indio, detenido por elementos del Ejército mexicano el miércoles 21 de abril tras un enfrentamiento en Huixquilucan.


El Indio era uno de los tres principales operadores y hombres del primer círculo de La Barbie. Tenía bastante información que guardaba en computadoras portátiles. En seis días más, como consecuencia de la información en los aparatos de la gente de Édgar Valdez, caería en otro operativo Dagoberto Jiménez Díaz de León, El Cantante, un operador y encargado de rutas de trasiego de cocaína en Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.
El siguiente paso fue cruzar información con las bases de datos obtenidas de la captura de El Indio, oriundo del estado de Guerrero, el cual junto con Gamaliel Aguirre Tavira, El Güero Huetamo, era operador y jefe de sicarios de La Barbie en Acapulco.


Su captura ocurrió el 21 de julio. A Édgar Valdez le leyeron las fojas de declaraciones de cada uno de estos personajes para que ampliara datos, aportara nuevos elementos o simplemente los ratificara. Negó casi todas las cosas que se le decían o les daba otro sentido. Se le preguntó por su relación con Gerardo Álvarez Beltrán, El Indio, y reconoció que eran compadres.
Se le preguntó sobre las relaciones personales de éste y de otros operadores con personas del medio artístico. Surgió el nombre de Alicia Machado, ex Miss Universo, de quien se dijo es madre de uno de los hijos de El Indio. Pero Édgar Valdez negó conocer ese hecho. ¿Cómo, si el mismo Indio ya lo reconoció en sus declaraciones? Se le inquirió.


La Barbie se pasó la mano por el rostro para secarse el sudor y con gesto de cansancio hizo el ademán de no saber de qué le estaban hablando. De los expedientes siguieron brotando nombres de artistas, cantantes, bailarines, modelos, empresarios, grupos musicales, representantes artísticos y deportistas ligados de alguna manera a la gente de Édgar Valdez Villarreal.

LA CUMBRE
Sí habló sobre la ola de violencia desatada entre su gente y reconoció sus nexos y encuentros “con Joaquín Guzmán, alias El Chapo; Ismael Zambada García, alias El Mayo Zambada; Juan José Esparragoza Moreno, alias El Azul; Ignacio Coronel Villareal, Arturo Beltrán Leyva, Gerardo Álvarez Vásquez, El Indio; Heriberto Lazcano, alias El Lazca y Miguel Treviño Morales, alias El 40”.


Valdez Villareal dijo que Arturo Beltrán Leyva ordenó el homicidio de altos mandos de la Policía Federal en represalia por los cateos efectuados a sus casas de seguridad y la detención de integrantes de su grupo más cercano, y apuntó que el responsable de estas acciones fue Sergio Villareal Barragán, alias El Grande.
Con estas declaraciones, La Barbie desnudaba parte del esquema reactivo y de ajuste de cuentas entre los cárteles de la droga y entre estos y el gobierno federal. Después, ante militares y personal de la SIEDO, reconocería que los reacomodos entre las organizaciones del narcotráfico se aceleraron con la muerte de Arturo Beltrán y que la alianzas rotas entre Héctor Beltrán y el cártel de Sinaloa se reconstruyeron para acabar con él al considerarlo traidor.


Dijo también que en la Cumbre entre líderes de cárteles de la droga efectuada en Cuernavaca, Morelos, en 2007, uno de los acuerdos pactados entre la gente de los cárteles de Sinaloa, del Milenio, de los Carrillo Fuentes y de los Beltrán, fue que Arturo, El Barbas, sería el único interlocutor de la Federación (creada meses antes para acabar con la violencia y recuperar plazas perdidas ante el cártel del Golfo y Los Zetas) para hablar con los líderes del Golfo.
Pero las suspicacias y el descontento hacia Beltrán surgieron a las pocas semanas dentro del cártel de Sinaloa. La Barbie dijo en sus primeras declaraciones que fueron ellos, la gente del Mayo Zambada, de Joaquín Guzmán Loera, del Azul Esparragoza y de los Carrillo Leyva quienes iniciaron el rompimiento de la tregua. La “guerra entre cárteles” se recrudeció, se expandió y alcanzó a periodistas, a militares y a autoridades civiles de los tres niveles de gobierno e incluso a extranjeros.
Las ciudades se convirtieron en campos de batalla y no se dudó en usar armas pesadas para recuperar o buscar hacerse de una plaza.


Quien rompió el pacto fue El Chapo Guzmán, en una rivalidad con Beltrán Leyva, agregaba La Barbie en sus primeras conversaciones con la gente de la Policía Federal.

LOS LADRILLOS ROSAS
En los últimos meses ha habido recomposiciones, quiebres y alianzas renovadas entre los cárteles, confirmó La Barbie. Hace medio año surgió un pacto inédito entre La Familia Michoacana y el cártel del Golfo, que se unieron para acabar con Los Zetas, a los que lograron expulsar de Tamaulipas y orillaron a moverse a Nuevo León y a otros puntos como Veracruz, Zacatecas, Durango, parte del Estado de México, Tabasco, Campeche y Quintana Roo.


Valdez habló acerca de los quiebres al interior del cártel de Sinaloa, los celos, las envidias y las venganzas que terminaron, entre 2006 y 2008, con la fractura de la organización y el inicio de la guerra entre el crimen organizado, y entre éstos y el gobierno mexicano.
En esa dinámica, Morelos se había convertido en la base de operaciones de los Beltrán Leyva y en el punto neurálgico de la ruta de la cocaína y el dinero provenientes del sur del continente hacia varios puntos de país. En trailers y camionetas —mediante una estructura operativa que incluye a policías municipales, estatales, federales y hasta elementos militares—, cargamentos de cocaína, dinero y armas llegan desde Morelos hacia el Distrito Federal.


Fuentes de Seguridad Pública Federal y Seguridad Pública local indicaron que la actividad del cártel que encabezaba Édgar Valdez Villarreal en Morelos y en Guerrero se incrementó a finales de 2006. Señalaron que pese a los esfuerzos de gobierno federal y a los golpes espectaculares contra los principales cárteles de la droga, “desde Morelos, desde Cuernavaca, siguen saliendo enormes cantidades de droga, enormes, hacia la Ciudad de México”.
A finales de 2006, las investigaciones de las policías capitalinas (preventiva y judicial) ubicaron una parte de los caminos que utilizaba la gente del cártel de los hermanos Beltrán Leyva y los operadores de Édgar Valdez Villarreal, como ramales de la carretera a Xochimilco, y varios poblados que conectan mediante intrincadas brechas con el estado de Morelos.

Uno de los puntos hallados para el trasiego de drogas se ubica en San Francisco Tlalnepantla, pueblo de poco más de siete mil habitantes. El lugar fue rastreado por un grupo especial de policías capitalinos, comisionados para perseguir narcomenudistas.
Detenciones previas los llevaron a ese sitio primero por tierra y luego en dos helicópteros Cóndor de la SSP local. La zona estaba rodeada de brechas ocultas por la maleza pero perfectamente aplanadas y señalizadas para la circulación de camionetas pick up y camiones de tres toneladas.


Los reportes entregados a la policía mencionaban la ubicación de un plantío de marihuana en esa zona. De hecho, la Sedena tiene registros de cinco plantíos de cannabis localizados y erradicados en el Distrito Federal en los últimos nueve años y medio.
En conjunto, los cinco plantíos que han sido detectados y erradicados por el Ejército no llegan a una hectárea de extensión y la policía nunca dio con los sembradíos de marihuana, pero tomó fotos de la zona y levantó planos para ubicar el sitio y los caminos vecinales usados para mover droga desde Morelos.

El material fue entregado a la PGR, que entonces encabezaba el general Rafael Macedo de la Concha: el asunto nunca fue investigado a nivel federal.


Sin embargo, la policía capitalina continuó durante unas semanas sus pesquisas y consiguió declaraciones de habitantes de la zona y testimonios de narcomenudistas donde señalaban que la cocaína que llegaba por las brechas aledañas a San Francisco Tlalnepantla, desde Morelos, venía debidamente marcada para que nadie la incautara, ni siquiera en los decomisos federales.

Esos paquetes, recuerdan ex agentes especiales de la policía capitalina, venían envueltos en papel color rosa. Eso indicaba que lo envuelto era cocaína, y que era de La Barbie. Y eso bastaba para que nadie más se metiera allí. Nadie.