martes, septiembre 25, 2012

Inquietud verde, disciplina blanca
1.- Las constantes sacudidas políticas y sociales que ha vivido el país en los últimos doce años no han pasado desapercibidas para los militares mexicanos, sobre todo para los que están en retiro y muy en particular para los generales, divisionarios o no, quienes no solo utilizan las redes sociales para comunicarse y comunicar sus ideas y proyectos, sino también para fijar sus posturas en torno a la vida castrense, a sus necesarios y urgentes cambios y la forma en que deberían incidir en la vida nacional.
2.- Sus opiniones y propuestas –especialmente las que tienen que ver con transformaciones y reformas profundas al interior de la Sedena– eran impensables en la arena social y política hace seis o siete años.
3.- Generales como Rafael Paz del Campo, Carmelo Terán Montero, Roberto Badillo Martínez y Samuel Lara Villa no solo usan las redes sociales para decir lo que piensan; piensan fuerte y critican y proponen y hablan de cambios, de transformar la estructura de la Sedena para que tenga un mando centralizado, hablan de crear un Comando Conjunto, de llevar a la institución armada a niveles de maduración y crecimiento como los que hay en otros países del continente.
4.- Otras voces como las del general Luis Garfias Magaña o Francisco Gallardo, se han ganado desde hace años un espacio significativo, crítico ante las omisiones y manipuleo del poder político hacia las fuerzas armadas, y mordaz ante el abuso del poder militar hacia sus pares y contra la sociedad civil. Todas son de enorme valor porque van develando los flancos del complicado y sinuoso camino de la convivencia entre civiles y militares en México.
5.- Su importancia crece, porque se ha dado en medio de una cerrazón del Ejército y la Marina en el cierre del sexenio de la guerra fallida contra las drogas. Surgen en donde solo hay turbiedad y enormes reticencias para informar a la ciudadanía sobre lo que hacen o han dejado de hacer miliares y navales en estos años de desazón, excesos, abusos, pérdidas, esfuerzos y enorme desgaste.
6.- Militares y navales (en menor medida) niegan información, se contradicen cuando la proporcionan, revelan datos que no concuerdan con sus propios informes y recurren a toda clase de mecanismos jurídicos para retrasar la entrega de datos que acaban clasificando por varios años. Todo en engranaje de ocultamiento oficial.
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