El EZLN y los militares
1.- Se equivoca quien piense que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) es o se convirtió en asunto menor para el Estado mexicano. Los zapatistas y el Subcomandante Marcos (Rafael Sebastián Guillén Vicente) han estado siempre bajo la mira del aparato de seguridad no solo como una expresión de auténtica inconformidad social, sino también como un foco de inestabilidad interna y desorden en el sureste y en otros puntos del país.
2.- Como expresión de una problemática social y política construida por el PRI y heredada por décadas por un sistema de suyo excluyente, corrupto y corruptor, el neozapatismo creado por activistas nacionales y extranjeros tuvo las condiciones más que necesarias para crecer y justificar su existencia en un contexto de resquebrajamiento del sistema político que en menos de seis años vivió un aparente derrumbe de sus estructuras para darle paso a un inusitado, inepto e irresponsable panismo en el poder.
3.- De 1994 a la fecha, el zapatismo del EZLN ha visto crecer a al menos dos generaciones de campesinos, indígenas, activistas y organizaciones civiles que son testigos del olvido y ninguneo oficial, del abandono del sistema y el regreso a las viejas prácticas corporativistas y de engranaje social tan recurridas por el priismo, el perredismo y un sector pragmático y acomodaticio del panismo.
4.- El zapatismo del EZLN también ha sucumbido al mesianismo de sus fundadores y dirigentes, concientizadores primero del oprobio y la brutalidad del sistema hacia los más desposeídos, y luego reventadores de procesos democráticos que tenían todo el derecho de ocurrir y darse como parte del crecimiento, de los tropezones y reacomodos de una sociedad muy distante de la perfección poética y utópica defendida por los redentores de un mundo mejor.
5.- El sistema, el aparato de Estado no ha apartado la vista del zapatismo. Entre 1994 y apenas el 2003, alrededor de 235 mil militares y marinos fueron movilizados por los gobiernos federales priistas y panistas hacia Chiapas para cercar y arrasar a los zapatistas, a sus bases de operaciones y a las comunidades que simpatizaran con ellos.
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3.- De 1994 a la fecha, el zapatismo del EZLN ha visto crecer a al menos dos generaciones de campesinos, indígenas, activistas y organizaciones civiles que son testigos del olvido y ninguneo oficial, del abandono del sistema y el regreso a las viejas prácticas corporativistas y de engranaje social tan recurridas por el priismo, el perredismo y un sector pragmático y acomodaticio del panismo.
4.- El zapatismo del EZLN también ha sucumbido al mesianismo de sus fundadores y dirigentes, concientizadores primero del oprobio y la brutalidad del sistema hacia los más desposeídos, y luego reventadores de procesos democráticos que tenían todo el derecho de ocurrir y darse como parte del crecimiento, de los tropezones y reacomodos de una sociedad muy distante de la perfección poética y utópica defendida por los redentores de un mundo mejor.
5.- El sistema, el aparato de Estado no ha apartado la vista del zapatismo. Entre 1994 y apenas el 2003, alrededor de 235 mil militares y marinos fueron movilizados por los gobiernos federales priistas y panistas hacia Chiapas para cercar y arrasar a los zapatistas, a sus bases de operaciones y a las comunidades que simpatizaran con ellos.
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