jueves, enero 24, 2013



Florence, las últimas horas
Jorge Alejandro Medellín

No hubo mayor expresión en su rostro que la del orgullo y la ecuanimidad. No lloró ni estuvo eufórica cuando le informaron que la Suprema Corte acaba de fallar en su favor, que le concedían el amparo liso y llano con el que quedaba en libertad.

Los seis años de reclusión en el Centro Femenil de Readaptación Social de Tepepan transcurrieron entonces como una película urgente, como un velo que debía ser corrido en cuestión de minutos, de segundos si era posible.

La acababan de declarar en libertad. No tenía nada más que hacer en la prisión que aguardar el papeleo para subirse a un avión y alejarse, olvidar. Florence estuvo acompañada de su padre, Bernard Cassez, y del Cónsul de Francia en México, Gerard Martin, ante quienes se mostró de una sola pieza y a la expectativa de la decisión de los ministros Arturo Saldivar (a favor), Alfredo Gutiérrez (a favor), José Ramón Cossío (en contra), Jorge Pardo (en contra) y Olga Sánchez Cordero, la encargada del proyecto de liberación inmediata, la decisiva (a favor).

No lloró en absoluto. Nada de lágrimas o de escenas de euforia. Solo las miradas acuosas de su padre y del cónsul general que se cruzaban mientras Florence respiraba hondo y preguntaba ¿qué sigue?

Le indicaron que el papeleo que la conduciría a la calle era cuestión de una cuantas horas. Ha sido tanta la presión que todo se resolverá hoy mismo, solo es cosa de esperar, le dijo Gerard Martin.

Florence, la reclusa dedicada a pintar, a recibir y dar clases aerobics y de pintura, aguantó entonces desde las 13:40 horas hasta las 18:15, cuando abandonó el penal con su padre, protegidos con chalecos antibalas de la Policía Federal, hacia las instalaciones del Instituto nacional de Migración (INM) en el aeropuerto.

Antes, en las horas previas a su salida, Florence se dedicó a ordenar pertenencias y a regalar casi todo; libros, perfumes, jabones. Solo le permitieron llevarse algunas pertenencias, en especial varios muñecos de peluche que guardaba de manera especial.

“Mucho temple”, definieron sobre ella quienes la vieron unos minutos antes y después de escuchar el fallo que le dio la libertad y que horas antes pudo haberla mantenido en prisión de por vida, 54 años más.

Florence no escuchó la sesión de la Corte. Su padre fue sus ojos y oídos. Hizo decenas, muchas llamadas telefónicas desde uno de los aparatos públicos del penal femenil de Tepepan. Hizo tantas que el novio de Florence perdió la cuenta.

Ya fuera de Tepepan, Florence gastó los minutos que ahora le sobraban en exámenes médicos de ley que le hicieron al llegar a las instalaciones del INM en el aeropuerto.

Llanto

El nudo en la garganta no fue de ella. Fue de Jorge Alberto Ferreira, su novio desde diciembre de 2012 y quien la apoyó hasta el final creyendo en ella y asistiéndola mientras compartían fragmentos de sus desafortunadas historias recientes; la de ella, casi siete años presa por su presunta participación en la banda de plagiarios bautizada como Los Zodiaco por la Secretaría de Seguridad Pública Federal (SSPF); la de él, por sus 21 meses preso, acusado de homicidio y extorsión en 2010 por… la Policía Federal.

Jorge recibe la llamada en su casa. Son pasadas las cinco de la tarde. Hace cuatro horas que Florence fue declarada libre y va camino al hangar de la Policía Federal en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). La voz se le quiebra y más que estar cansado, está muy feliz.

“Se hizo justicia y el estado de derecho merece ser visto y hay una prueba más de que funciona el sistema y gracias dios se hace justicia. Esto es una prueba para todos nosotros sobre lo que debemos de hacer y la manera en que se debe de manejar la justicia”, dice mientras trata de contener el llanto.

-¿En algún momento pensaron que no iban a tener un resultado positivo?

- No, por supuesto que no. Yo tenía todo el corazón, toda la mente y toda el alma…y sabía que iba a salir, lo sabía.

Jorge Alberto se quedó en su casa todo el día. Solo tomaba llamadas de Florence o de su padre en la medida en que avanzaba en la corte la discusión sobre el amparo liso y llano o el amparo solo para efectos, en la medida en que se hablaba de su posible permanencia en prisión o de su libertad inmediata.

-¿Qué hacías, en donde estabas en esas horas?

- Estaba en la sala de mi casa, mordiéndome las uñas y con el alma en un hilo. Cuando me llamó, sabíamos que era un hecho, que ella iba ya para afuera.

-¿Te vas con ella? ¿Vas a alcanzarla en Francia?

- No te puedo decir eso, ahorita no. No lo sé.

Con sollozos, me pide que le marque pasadas de la nueve de la noche, ya que haya hablado con Florence en México por última vez. Le marco como quedamos y ahora llorando me insiste en que se hizo justicia, en que ella es una gran mujer, en que el sistema funciona.

-¿Qué fue lo último que te dijo?

- No me ha llamado. Debe estar ya en el avión.

Son las nueve de la noche con quince minutos. Colgamos.

Florence Cassez Crepin, la polémica y mal amada francesa que los mexicanos vieron por Televisa y TV Azteca en las primeras horas de luz de diciembre de 2005 en un burdo montaje de la entonces Agencia Federal de Investigación, vuela de regreso a su país en el Air France 439.

A las nueve con veinticinco minutos de la noche, 439 de Air France carreteaba lento enfilando hacia la pista 23. Dos minutos después estaba en el aire.