¿Sin novedad en el frente?
1.- La reactivación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) reviste tanta importancia en la agenda de seguridad nacional (si es que el gobierno priista tiene alguna) como la del fenómeno del narcotráfico, porque ambas tienen un trasfondo de abandono social, de marginación, de abuso y corrupción e impunidad generadores de descomposición social, la semilla, el núcleo de asuntos que pueden ser tan diametralmente opuestos como el narcotráfico y la guerrilla.
2.- Los doce años de panismo fallido y ominoso se suman a las décadas de soberbia, corporativismo, abuso, simulación y excesos del priismo que hoy está de vuelta. En ambos regímenes el tema de la inseguridad terminó por rebasar proyecciones, intenciones, diagnósticos y prioridades.
Cuando el priismo salinista aventuraba nuevos mundos de crecimiento y bonanza (sí los hubo pero solo para los elegidos), el zapatismo ilustrado (desde la academia y desde la selva) irrumpió para desnudar los olvidos, las omisiones del poder político y de la sociedad que no quería a sus indios.
3.- En esa condición, los zapatistas no solo emergieron como conciencias ante el abuso del poder y la desmemoria colectiva; aparecieron también como un peligro para el Estado, un factor ignorado bajo la premisa falsa y explosiva de que la contención policiaco-militar en Chiapas –en donde han sido desplegados 234 mil efectivos militares y navales entre enero de 1994 y diciembre de 2008– bastaría para redimensionar el problema con los indígenas y campesinos de ese estado y darle salida al viejo estilo tricolor: inyectando dinero para obras sociales, colocando presupuestos para educación, salud, deportes, alimentación e infraestructura.
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Cuando el priismo salinista aventuraba nuevos mundos de crecimiento y bonanza (sí los hubo pero solo para los elegidos), el zapatismo ilustrado (desde la academia y desde la selva) irrumpió para desnudar los olvidos, las omisiones del poder político y de la sociedad que no quería a sus indios.
3.- En esa condición, los zapatistas no solo emergieron como conciencias ante el abuso del poder y la desmemoria colectiva; aparecieron también como un peligro para el Estado, un factor ignorado bajo la premisa falsa y explosiva de que la contención policiaco-militar en Chiapas –en donde han sido desplegados 234 mil efectivos militares y navales entre enero de 1994 y diciembre de 2008– bastaría para redimensionar el problema con los indígenas y campesinos de ese estado y darle salida al viejo estilo tricolor: inyectando dinero para obras sociales, colocando presupuestos para educación, salud, deportes, alimentación e infraestructura.
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