Civiles en Sedena y Marina
1.- En días recientes se ha avivado de nuevo la discusión sobre la eventual (y deseada) llegada de un civil como titular de la Defensa Nacional.
Ello no solo significaría un paso firme hacia un estado democrático más real, sino más transparente y justo, un estado de rendición de cuentas, obligaciones y claridad a la que los militares y marinos mexicanos nunca han estado acostumbrados si no es bajo reglas y límites autoimpuestos.
2.- El debate resurge, porque el regreso del PRI al poder presidencial significó también la esperanza para millones de mexicanos de una auténtica transformación en el partido emanado de las estructuras y la dinámica militar en los inicios del siglo anterior.
3.- Muchos mexicanos votaron por el Revolucionario Institucional creyendo en verdad que con Enrique Peña Nieto llegarían al poder representantes de una generación de políticos jóvenes, imbuidos con aires de cambio y transformación, buscando reformas y avances que jamás se dieron en los dos sexenios panistas
4.- Una parte de esos cambios debió tocar a las fuerzas armadas, siempre leales al Estado y a sus instituciones; siempre atentas a cumplir sus misiones orgánicas en cualquier momento y condición, pero también al alcance de la mano del viejo PRI para operar en defensa de intereses políticos y sectarios, ya sea para controlar o reprimir causas laborales, estudiantiles, sindicales, campesinas, indígenas, obreras, etc.
5.- De todas las instituciones que transitaron del priismo al panismo a finales de los noventa, la de las fuerzas armadas mexicanas fue tal vez la menos tocada por los cambios que se anunciaban como quien reinventa un país sobre un papel en las rodillas.
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2.- El debate resurge, porque el regreso del PRI al poder presidencial significó también la esperanza para millones de mexicanos de una auténtica transformación en el partido emanado de las estructuras y la dinámica militar en los inicios del siglo anterior.
3.- Muchos mexicanos votaron por el Revolucionario Institucional creyendo en verdad que con Enrique Peña Nieto llegarían al poder representantes de una generación de políticos jóvenes, imbuidos con aires de cambio y transformación, buscando reformas y avances que jamás se dieron en los dos sexenios panistas
4.- Una parte de esos cambios debió tocar a las fuerzas armadas, siempre leales al Estado y a sus instituciones; siempre atentas a cumplir sus misiones orgánicas en cualquier momento y condición, pero también al alcance de la mano del viejo PRI para operar en defensa de intereses políticos y sectarios, ya sea para controlar o reprimir causas laborales, estudiantiles, sindicales, campesinas, indígenas, obreras, etc.
5.- De todas las instituciones que transitaron del priismo al panismo a finales de los noventa, la de las fuerzas armadas mexicanas fue tal vez la menos tocada por los cambios que se anunciaban como quien reinventa un país sobre un papel en las rodillas.
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