Los generales del caos
1.- El gabinete de seguridad del presidente Enrique Peña Nieto sigue mostrando una rampante ineficacia en el combate al crimen organizado por carecer de una estrategia real (como Felipe Calderón) para enfrentar el fenómeno.
El presidente priista se refugia en el discurso mediático que busca mostrar a un país en relativa calma y en franca mejoría en cuanto a los niveles de violencia y seguridad. En realidad ocurre todo lo contrario.
La situación en Michoacán, por ejemplo, es insostenible e inocultable. Los grupos del crimen organizado se han adueñado de regiones completas, de municipios, zonas otrora de fuerte comercio, de paso obligado de toda clase de productos, han establecido gobiernos paralelos y se dan el lujo de reclamar sus pueblos, defendidos ahora por guardias comunitarias ilegales en un territorio sin mandatario (con un interino inexistente).
2.- Esto sucede en una región en la que el desorden impera desde al sexenio pasado, cuando Felipe Calderón ordenó una irracional guerra al narco que comenzó precisamente en su tierra, Michoacán, a la que dejó lapidada, totalmente resquebrajada (quizá en un arranque hepático ante la imposibilidad de arrebatársela a los perredistas) y lista para el desmoronamiento.
La seguridad de la nación, incluido el estado natal calderonista, estaba en manos del Ejército y la Fuerza Aérea y en menor medida de la Marina -pese al corredor estratégico hacia el puerto de Lázaro Cárdenas-.
3.- El general Guillermo Galván, se rodeó de militares a quienes se les fue escapando entre los dedos el control de territorios y estados como Michoacán, Nuevo León, Coahuila, Durango, Zacatecas, Jalisco, Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Morelos, Veracruz, Estado de México, Tabasco, Chiapas y Quintana Roo, por citar algunos (cité 16 de los 31 que aun tenemos).
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La situación en Michoacán, por ejemplo, es insostenible e inocultable. Los grupos del crimen organizado se han adueñado de regiones completas, de municipios, zonas otrora de fuerte comercio, de paso obligado de toda clase de productos, han establecido gobiernos paralelos y se dan el lujo de reclamar sus pueblos, defendidos ahora por guardias comunitarias ilegales en un territorio sin mandatario (con un interino inexistente).
2.- Esto sucede en una región en la que el desorden impera desde al sexenio pasado, cuando Felipe Calderón ordenó una irracional guerra al narco que comenzó precisamente en su tierra, Michoacán, a la que dejó lapidada, totalmente resquebrajada (quizá en un arranque hepático ante la imposibilidad de arrebatársela a los perredistas) y lista para el desmoronamiento.
La seguridad de la nación, incluido el estado natal calderonista, estaba en manos del Ejército y la Fuerza Aérea y en menor medida de la Marina -pese al corredor estratégico hacia el puerto de Lázaro Cárdenas-.
3.- El general Guillermo Galván, se rodeó de militares a quienes se les fue escapando entre los dedos el control de territorios y estados como Michoacán, Nuevo León, Coahuila, Durango, Zacatecas, Jalisco, Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Morelos, Veracruz, Estado de México, Tabasco, Chiapas y Quintana Roo, por citar algunos (cité 16 de los 31 que aun tenemos).
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