Yo espío, tu espías…
1.-Anochece en el Casino Naval de Alencastre, a menos de medio kilómetro de la entrada del Molino del Rey a la residencia oficial de Los Pinos. El petitcomité pasa las puertas del lugar sin ser registrado por el personal de seguridad. Somos civiles invitados por el secretario de Marina, Luis Carlos Ruano Angulo, para celebrar con él uno de sus cumpleaños.
El grupo es de reporteros y directivos de algunos medios impresos cercanos al almirante, sus cuates. La amabilidad y la camaradería están a la orden, hay saludos, sonrisas, apretones de manos y varios abrazos con sus respectivos manotazos en la espalda.
2.-Vamos de broma en broma, entre risotadas, relajados, sin la presión de cubrir la nota o de que se nos vaya el dato o el detalle que otros pelean para su edición semanal. Vamos en el preámbulo de lo que será una bohemia naval de la que no tenemos la menor idea.
Nos conducen a un salón que es réplica en madera de la cabina del almirante en un navío virtual. No somos los primeros. Hay gente, otros marinos y civiles que le dan curso al trámite de lo que hoy vendría a ser el after hours oficial.
3.- El coñac, el whisky, el ron y otros alcoholes ya circulan a discreción mientras Ruano saluda y es saludado como la ocasión lo amerita. Vozarrón y maneras de almirante van dictando el ritmo y la intensidad de la velada.
Si canta, cantamos algo, lo que sea, lo que nos sepamos; si recita poesías navales lo escuchamos sin distracción, celebramos, aplaudimos. Si la broma surge, las risas estallan. ¡Faltaba más!, ¡Venimos todos con gusto!
En total habremos unas quince personas con él, entre civiles y militares y navales insospechados. Uno de estos es un gigantón moreno, con una corpulencia que se acerca al sobrepeso. Lleva palas de Capitán de Fragata y varias rondas de coñac encima.
Saluda a diestra y siniestra, platica y convive unos minutos con cada uno de nosotros. Luego descubriré el trasfondo de su animosidad y también que hacía como que tomaba y como que estaba muy contento y dicharachero. Era parte de su trabajo.
Enlace .....
2.-Vamos de broma en broma, entre risotadas, relajados, sin la presión de cubrir la nota o de que se nos vaya el dato o el detalle que otros pelean para su edición semanal. Vamos en el preámbulo de lo que será una bohemia naval de la que no tenemos la menor idea.
Nos conducen a un salón que es réplica en madera de la cabina del almirante en un navío virtual. No somos los primeros. Hay gente, otros marinos y civiles que le dan curso al trámite de lo que hoy vendría a ser el after hours oficial.
3.- El coñac, el whisky, el ron y otros alcoholes ya circulan a discreción mientras Ruano saluda y es saludado como la ocasión lo amerita. Vozarrón y maneras de almirante van dictando el ritmo y la intensidad de la velada.
Si canta, cantamos algo, lo que sea, lo que nos sepamos; si recita poesías navales lo escuchamos sin distracción, celebramos, aplaudimos. Si la broma surge, las risas estallan. ¡Faltaba más!, ¡Venimos todos con gusto!
En total habremos unas quince personas con él, entre civiles y militares y navales insospechados. Uno de estos es un gigantón moreno, con una corpulencia que se acerca al sobrepeso. Lleva palas de Capitán de Fragata y varias rondas de coñac encima.
Saluda a diestra y siniestra, platica y convive unos minutos con cada uno de nosotros. Luego descubriré el trasfondo de su animosidad y también que hacía como que tomaba y como que estaba muy contento y dicharachero. Era parte de su trabajo.
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