Pactos, liberaciones y estrategias
1.- La libertad otorgada a Rafael Caro Quintero, la persecución de la DEA y del Departamento del Tesoro a los hijos y parientes del capo por las decenas de negocios con los que desde hace más de 15 años estarían lavando dinero tan solo en el estado de Jalisco, los reclamos de la DEA y de otras agencias por la liberación de “Rafa”, la posible liberación de Ernesto Carrillo Fonseca, “Don Neto”, y los ajustes de cuentas en el Pacífico fortalecen las especulaciones de quienes observan en estos hechos un pacto silencioso entre el gobierno de Enrique Peña Nieto y el cártel de Sinaloa, el más poderoso y organizado del país.
Otros datos se van sumando a la percepción de que los asesores de EPN llevan adelante una estrategia oscura, basada en la disminución radical de enfrentamientos de fuerzas federales contra sicarios y operadores de Sinaloa, en el retiro gradual de militares y marinos (no de federales) de las ciudades y zonas más conflictivas en la medida en que se vayan recuperando la tranquilidad y los espacios públicos ganados por los cárteles, en el combate selecto, inteligente, a otras organizaciones más violentas.
2.- ¿A cambio de qué?, pues de reducir la violencia al máximo posible en las zonas controladas por los grupos afines al cártel sinaloense y de recibir cierta cooperación (datos relevantes) para reventar a otras organizaciones criminales (competidoras) que puedan seguir creando terror en puntos sensibles del territorio nacional.
Este no es el panorama que Washington instrumentó durante dos sexenios con el panismo en el poder. La Marina se abrió por completo a las propuestas del Pentágono. Las operaciones multinacionales con buques, aeronaves y personal de la Armada codo a codo con sus pares de la Marina estadunidense fueron la constante en esa parte de la relación bilateral.
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Otros datos se van sumando a la percepción de que los asesores de EPN llevan adelante una estrategia oscura, basada en la disminución radical de enfrentamientos de fuerzas federales contra sicarios y operadores de Sinaloa, en el retiro gradual de militares y marinos (no de federales) de las ciudades y zonas más conflictivas en la medida en que se vayan recuperando la tranquilidad y los espacios públicos ganados por los cárteles, en el combate selecto, inteligente, a otras organizaciones más violentas.
2.- ¿A cambio de qué?, pues de reducir la violencia al máximo posible en las zonas controladas por los grupos afines al cártel sinaloense y de recibir cierta cooperación (datos relevantes) para reventar a otras organizaciones criminales (competidoras) que puedan seguir creando terror en puntos sensibles del territorio nacional.
Este no es el panorama que Washington instrumentó durante dos sexenios con el panismo en el poder. La Marina se abrió por completo a las propuestas del Pentágono. Las operaciones multinacionales con buques, aeronaves y personal de la Armada codo a codo con sus pares de la Marina estadunidense fueron la constante en esa parte de la relación bilateral.
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