ESA EXTRAÑA HOSPITALIDAD DE LOS AMERICANOS
Gustavo de la Rosa Hickerson
Detenido #A-89-541-063
El Paso Processing Center
8915 Montana
El Paso, Texas.
Cuando me desterré por unos días de Juárez, me vine a El Paso, y me encontré en el medio de una erupción de solidaridad.
Amigos que saltaron desde hace 25 años trabajadores agrícolas que envejecieron en los campos de chile, organizadores que doblaron su cuerpo en la incesante búsqueda del sueño social.
Abogados que siguen buscando la justicia incansablemente como se esperaba desde entonces. Sacerdotes que siguen luchando por traer el cielo a la tierra, y repartirlo a todos.
Abogados que siguen buscando la justicia incansablemente como se esperaba desde entonces. Sacerdotes que siguen luchando por traer el cielo a la tierra, y repartirlo a todos.
En fin todos ellos con un gesto amistoso y sobre todo sincero y auténtico; gente de excepción, incluso algunos empresarios exitosos.
Pero además me encontré con una nueva generación de seres humanos que han cambiado nuestros sueños de construir al “Hombre Nuevo”.
Luego de grandes terremotos de la historia, por nuevos sueños realidades convertirse a sí mismos como “Hombres Nuevos” sin esperar a los demás.
Jóvenes casi todos que han llegado a la frontera a solidarizarse con los desterrados de su patria.
Jóvenes que celebran cada amanecer con una tarea comunitaria, viviendo bajo las mejores prácticas saludables y construyendo un mañana diferente a partir de su pareja, de sus amigos, de su familia.
Luego de grandes terremotos de la historia, por nuevos sueños realidades convertirse a sí mismos como “Hombres Nuevos” sin esperar a los demás.
Jóvenes casi todos que han llegado a la frontera a solidarizarse con los desterrados de su patria.
Jóvenes que celebran cada amanecer con una tarea comunitaria, viviendo bajo las mejores prácticas saludables y construyendo un mañana diferente a partir de su pareja, de sus amigos, de su familia.
Al preguntarle a uno de ellos por su futuro profesión, me dijo: “Trabajar para los vulnerables es una profesión, el mundo no necesita mas corredores de bolsa”.
Y así la fui llevando.
Pero los avances en las medidas cautelares, el llamado de la academia y la indispensable compañía, me hicieron volver a México.
A escuchar uno de los discursos más esclarecedores sobre docencia universitaria.
Pero al volver a cruzar a El Paso mi visa estaba marcada y empezaron los amables interrogatorios.
Hasta culminar con la pregunta:
¿”Solicita asilo”?
La respuesta “En este momento, no. Espero noticias de mi Gobierno”.
¿”Teme por su vida en Juárez”?
Digo “Sí”.
Ellos, “Bien, no lo podemos regresar. Usted no ha violado ninguna ley. Pero tampoco podemos dejarlo suelto en El Paso.”
Vi en ellos un gesto de hospitalidad. “Lo vamos a proteger llevándolo a un lugar seguro.”
La respuesta “En este momento, no. Espero noticias de mi Gobierno”.
¿”Teme por su vida en Juárez”?
Digo “Sí”.
Ellos, “Bien, no lo podemos regresar. Usted no ha violado ninguna ley. Pero tampoco podemos dejarlo suelto en El Paso.”
Vi en ellos un gesto de hospitalidad. “Lo vamos a proteger llevándolo a un lugar seguro.”
Y aquí estoy. Junto con otros refugiados que son muchos y de todas partes de Mexico y Centro América.
Me dieron ropa cómoda y limpia y nos apoyan con cama, baño, comida, médicos y servicios religiosos.
Me dieron ropa cómoda y limpia y nos apoyan con cama, baño, comida, médicos y servicios religiosos.
Yo acepté y pedí estar en el área de custodia y me trajeron con buena disposición.
Sin embargo las rutinas de trabajo, me advierten que este centro de refugiados es extraño.
Los voluntarios visten uniformes, caminan con paso marcial, dan y reciben ordenes.
Los voluntarios visten uniformes, caminan con paso marcial, dan y reciben ordenes.
Para todo hay horarios y rutinas, pero sobre todo me llama la atención su obsesión en ponerme esposas cuando me llevan al médico.
¿Qué no será que estoy en una prisión?
¿Qué no será que estoy en una prisión?
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